Quién, o qué. Dos pronombres interrogativos que sirven para poner etiquetas o clasificar.
¿Quién soy?
Soy yo. Soy una persona, con sus inquietudes, sus miedos, sus valores, sus ventajas y sus herramientas. Sé enfrentarme a ciertas situaciones de la forma que la experiencia me ha demostrado ser más efectiva. Soy un tío adaptable. Mucho. Me mezclé y mezclo donde haga falta. Aprendo. Pruebo. Fallo. Acierto. No hago nada por hacer (me cansé de ello durante la escuela primaria e instituto... que les pregunten a mis compañeros y profesores). Todo en mi vida tiene un sentido, una utilidad, o sino no lo hago. Algunos argumentarán que mi pasión (la gaita, la música) las hago por hacer, pero el arte siempre tiene sentido: expresar, transmitir sentimientos, hacer sentir al intérprete. Así que, helo ahí. Sentido al canto.
Trato a las personas no como me tratan a mí, sino de la forma que veo efectiva para mantener mi mayor tesoro: la paz mental. ¿Y de verdad es para mí un bien tan valioso como para no permitir que ciertas reacciones que tengo no encajen en un rol preestablecido? ¿De verdad hace falta que, a estas alturas de la pandemia -digo... película- uno tenga que reaccionar con los demás como "se supone" que debe hacerlo?
Igual es que me cansé hace muchos años. Igual es que, un luchador hasta el final como yo ha visto ciertas guerras como ajenas, incapaces de ganar, y es un error estratégico el comenzarlas. Hablo de estrategia porque tácticos hay demasiados en este mundo, y no les va muy bien. Me gusta la gente que tiene pensamiento estratégico, que tiene planes a largo plazo y que sabe planificarse. Me encantan, y por eso cuando llegan a mi vida las quiero cerca, porque me transmiten una empatía y una tranquilidad que pocos otros hacen.
Sí, es cansancio. Es ver que con ciertas personas no-se-puede-razonar-ni-llegar-a-ningún-entendimiento, por más que quieras, por más que te duela. Son ganas de no perder más tiempo tratando de explicar que la vida es más sencilla de lo que ellas piensan, que la vida está más allá de cuatro paredes, límites de un concejo. Más allá del Puertu Payares. Simplemente, la frustración de no ser escuchado, de saber que mi consejo entrará por un oído, saldrá por otro o simplemente será descartado "porque aún te queda mucho por vivir" hace que haya elegido un selecto grupo con el que no quiero hablar, ni razonar. Simplemente quiero que vivan, me dejen vivir, nos adaptemos en una rutina y cada uno feliz a su aire. Quiero que no vengan a tratar de convencerme, coaccionarme, gritarme o tratar de dejarme de imbécil. Enlazando con lo que soy, sé que hay varias cosas que NO soy, y esas son un imbécil, un ignorante, o un malencarado (que de esos sobran). Así que, si me vienen en ese plan, mi respuesta es: voz, cortafuegos, y yo a lo mío tratando de restablecer mi paz. Es como que trato de ser un puerto protegiendo una playa: la ola llega, me deja tocado. Pero cada vez mi rompeolas es más y más grande. Su fuerza afecta menos (posiblemente porque mi respuesta es cada vez más contundente. Y oye, funciona de maravilla. Mi playita es lo más sagrado.
Sabiendo eso, a los conocidos y desconocidos os pido: por ciertos comentarios, por ciertas actitudes no pongáis etiquetas automáticas, que a veces “solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos” (y esa genialidad, escrita a un nivel que nunca podré escribir es la puta verdad absoluta más grande que existe). Escuchad qué os dice el corazón sobre mí, y si os traigo paz, quedaos, leñe, que no muerdo a -casi- nadie.
¿Qué soy?
Soy atento. Escucho. Soy detallista. Soy obstinado, terco y friki (MUY friki). Y bien orgulloso de ello. Soy amigo de mis amigos. Cuido de la gente que me demuestra cariño (de la que me demuestra amor... saben que tienen sangre, un pedazo de hígado, un pulmón y un riñón cuando lo necesiten). Quiero a mi familia, aunque a veces me vuelvan loco.
Y soy de los que ELIGEN a su familia, que lo de la sangre está sobrevalorado (aunque para mí tengo la suerte de que la sangre más cercana lo son TODO para mí). Mi familia sois todos esos que, sin compartir ese ínfimo porcentaje de ADN que nos haría parientes directos sabéis leerme mejor que mis ribosomas. Sois mi tribu. Esas estrellas que brilln fuerte y forman una constelación a mi alrededor llamada vida. Sois mi todo, y en lo oscuro y lo claro estáis ahí. Igual no os lo digo lo suficiente, pero os quiero.
Todo pasará. Algún día todo, todo pasará.