lunes, 3 de julio de 2023

Diez años de "Siete años en el Norte"

Diez, de nuevo. Otra vez ese número, eco de días pasados. Haciéndole revivir aquellos eventos como si hubiesen tenido lugar esa misma semana, pero separada por "tan solo" 3652 días.

Días de vuelos, de ver Europa desde las nubes. De cerrar la etapa del Rojo y centrarse en la suya propia, esa de tantos colores que un día el negro no le permitió ver. Viajaba hacia la Tierra del Hielo Eterno, y no sabía las implicaciones que esto tendría en su alma. Allí murió una parte de sí mismo, pero nacieron otras, más fuertes e interesantes. Allí se paró el tiempo, renegó del negro, se intentó volver blanco pero acabó aceptando la más cruel y a su vez tranquilizante de las verdades:

Se puede cambiar, dejando morir deliberadamente partes de nuestras almas que renacerán como las ramas en primavera, distintas, pero igualmente fuertes si se las cultiva con cariño. Se puede renacer. Pero aquellas partes que afloran siempre es mejor respetarlas y dejarlas ser.

Por ello, orgulloso de sus alas moradas, su pecho blanquecino y su dorso negro emprendió el camino a casa, para tratar de mantener siempre vivos esos colores, y no cerrarse en banda al azul que siempre cubrió su cuerpo. El azul le hace volar, junto a la energía del rojo. El negro le protege la retaguardia. El blanco se muestra para abrir su pecho y mostrar vulnerabilidad. 

Sólo había un detalle del que se percató varios años después: una pequeña escama verde le cubría por completo el lugar del torso donde se alojaba su corazón, porque al fin y al cabo es donde debe viajar la esperanza.

miércoles, 28 de junio de 2023

Diez

 Hace un año que no escribo, pero sigo siendo fiel a esta cita conmigo mismo. Un 28 de junio más, un año más.

¿Qué cambió aquel día? 

- Aceptar y reconocer mis sentimientos

- Hacer frente a todos los miedos sociales que me impuse los 28 años anteriores

- Aprender el valor de la fidelidad con uno mismo, con tus amigos, con quien quieres. Valorarla por encima de todo.

- Aceptar que fallo, que las cosas se pueden mejorar, y, sobre todo, que los mayores monstruos viven dentro de nuestra cabeza solamente.


Cambió mi forma de ver la vida. Cambió mi forma de ver el amor.


Y volvería a dar la cara una y mil veces. 🐣


martes, 28 de junio de 2022

Nueve veintiochos

 Tempus Fugit, my friend. Algunas cosas cambian, otras no. Todo lo vivido, lo ganado, lo perdido. Lo aportado y lo robado.

Todo suma, todo nos hace crecer. Y puedo decir que, nueve años después (joder, qué mal suena) el cambio, el crecimiento han sido considerables. Lo digo hoy con el convencimiento de quién tiene un rumbo, un propósito, un corazón lleno de amor.


Tú lo sembraste, nunca lo olvides. Feliz 28/6

jueves, 5 de agosto de 2021

Plenitud y vacío

La playa está llena, con cientos de voces simultáneas que se funden como en una sinfonía con el canto de las gaviotas y el bajo continuo de la mar. Esas ondas, constantes, dulces, que acarician las rocas y llenan el aire de pequeñas gotas que lo perfuman con el más dulce de los olores (al menos para los que somos hijos del Cantábrico).

Es un contraste poético poder ver tanta plenitud, tanta alegría al ver el cielo azul y al mismo tiempo pintado de nubes grises que en ocasiones parecen querer descargar sobre nosotros, enturbiando esta perfección estival.

Es otro contraste el ejercicio introspectivo de ver uno de los momentos más dulces que recuerdo en mi vida, una galaxia de sueños cumplidos siendo amenazada por un agujero negro, de esos que tragan toda la materia e incluso la luz. Sí, soy feliz, pero me falta algo.

Soy perfectamente consciente de que no existe la plenitud en esta vida, y que todo consiste en aceptar las cosas buenas (y mi alegría surge precisamente de eso mismo). Pero ¿qué hay de esos anhelos, de esos sueños, de esas alegrías compartidas? ¿Qué hacer cuando no te sientes ni de aquí, ni de allí? ¿Cómo reaccionar cuando la soledad que tanto aprecio deja de ser un bálsamo para pausar el mundo y se convierte en un fantasma que te devora por dentro?

Pero no os confundáis. Para mí existe la alegría, existe la plenitud. La tengo en solitario y la tengo con amigos. Pero aún me falta esa constante, esa persona que lea este texto, me comprenda y sepa que todos somos luz y oscuridad, y que soy perfectamente capaz de volver al gris, tras haber mostrado un atisbo de mi lado oscuro durante los peores días de mi vida. Quien es capaz de escuchar mis miradas, ver dentro de mis sueños, acariciar con palabras. Ese ser con quien compartir esta luz que tanto me dicen que desprendo.

Hoy la playa seguirá llena de vida y adornada con su música estival, para dentro de unas semanas dar paso al silencio y luces mortecinas del otoño y más adelante unir en un solo ser al frío, rugidos y furia del invierno. Tras ello siempre volverán la vida y la paz primaverales. 

Pero como siempre, y gracias al cielo volverán de nuevo esos sueños estivales, en los que nos deslizaremos con las dulces corrientes, mientras flotamos en un mar de rayos dorados, puesto que la vida es mucho más que un sueño, aunque la mía en el día de hoy sólo quiera soñar con estíos de antaño, que aún hoy se antojan inmejorables.

Esa dulce, única razón.

sábado, 24 de julio de 2021

Una noche más

A sus más de 30000 noches de vida lo recordó claramente, como si hubiese ocurrido el mismo día.

Cerró los ojos, sintió de nuevo el aroma y calidez de aquella piel tersa y blanca. Sintió la humedad, el calor y la dulzura de aquellos besos. Una noche, una fecha que recordaría cada año de su vida. 

Algunos dirían que tras una larga vida podría considerarse una noche más. Cuando cerró los ojos en la que sería su última noche en este mundo se quedó deseando regresar a aquella playa, para bañarse junto a ella bajo las estrellas. Para volver a olerla, sentirla y besarla cada noche como si fuese la última. 

lunes, 5 de julio de 2021

Dando vueltas al Sol

Hoy es 5 de julio. Precisamente hoy, he terminado una vuelta al Sol muy especial, cuyo punto de origen no se encuentra relacionado de ningún modo con eventos astronómicos particulares, como el perihelio o el afelio.

Una vuelta al Sol, sí: esa cosa tan natural que nuestro planeta lleva miles de millones de años haciendo, y que nosotros dividimos en 365,256 rotaciones sobre el eje terrestre. Lo que viene siendo un año; y que analizándolo veo que ha estado marcado por muchos más hechos notables de los que me esperaba:

  • He visto cometas, lluvias de estrellas, la Vía Láctea, un eclipse parcial de Sol y otro de Luna.
  • He visto lobos, osos, corzos, jabalíes, venados, martas, ginetas, murciélagos, calderones, delfines, congrios, tiburones y cientos de aves y peces cuyas especies aún no soy capaz de distinguir.
  • He buceado, de día, de noche, en cuevas, a bastante profundidad, entre calamares, entre pulpos, en praderas de algas, sobre rocas, bajo rocas, con frío o con calor.
  • He comenzado y terminado un máster, y me ha ido bastante bien.
  • He conseguido un trabajo de ensueño, aquello por lo que he luchado siempre.
  • He perdido a una de las personas que más quería, mi abuela.
  • He amado con locura, pero por primera vez con total cordura.
  • He viajado y mostrado mis lugares más especiales.
  • He hecho tantas cosas, que condensando estos 365 días me parecen mucho más que un simple año.

Y a pesar de todo ello, lo que más me ha marcado de este año es saber una cosa: 

Desde hace 365,256 días el universo me parece algo increíble y completamente diferente, tan sólo por saber que existes.

lunes, 28 de junio de 2021

Ocho

 Hasta aquí me trae el haber mirado el reloj y comprobado que es 28 de junio. Quizá haber tenido una noche tan extraña como la de ayer sea el augurio de que hoy es un día especial. Como lo fue el año pasado. Como lo fue el anterior. Y así hasta hace ya tanto tiempo. Ya no se trata de una fecha compartida, sino de algo personal, de un cambio de rumbo (de esos que tanta falta nos hacen y pocos saben apreciar o reconocer)

La concatenación de rarezas comenzó buceando por primera vez sin luz, en un mundo alienígena y sintiendo una de las mayores conexiones de mi vida con el medio, y es que ir a proa (como siempre hago) tiene una ventaja: estás mirando hacia un horizonte tan oscuro que se funde con el cielo nocturno, y que me hizo dudar si estaba saltando al agua o al infinito interestelar. Plancton, alevines, miles de calamares de apenas dos centímetros, especies que nunca antes había visto en su medio natural estaban nadando a nuestro alrededor dándonos la bienvenida a su mundo. Toda una cura de humildad para estos tiempos en los que todo lo desconocido nos supone una amenaza. Donde todo lo diferente, lo que no encaja con nuestra forma de ser nos ofende.

Quizá esa meditación subacuática propició la segunda parte de las rarezas de hoy: soñar con que me enamoraba a simple vista de una chica invidente, a la que, tras decirme "lo veo claro" yo le contestaba "lo esencial es invisible a los ojos, pero se ve con el corazón". ¿Qué es lo esencial para mí? ¿Qué está viendo mi corazón ahora mismo, sino un manto de oscuridad que sólo se ilumina por mi foco, por mi atención? Parece que por fin he dejado de ver un falso funcionamiento en este mundo, y aprecio el poder del caos que nos envuelve. Todo, absolutamente todo es caos. Y es fabuloso aceptarlo. Quizá la ceguera de la que me enamoré fue aceptar la realidad de que las cosas no son como las vemos, sino como realmente son, sin filtros, sin etiquetas, sin experiencia previa (mala consejera).

La tercera cosa rara fue despertarme con unos extraños ruidos procedentes de una caja del pasillo. Recordé al pequeño gorrión que rescaté ayer (tras verlo golpearse con un cristal dos veces) que, totalmente recuperado tras su contusión pedía volver a volar. Abrí la caja en la ventana, y salió tan feliz, como si nada le hubiese pasado. Qué símil más bonito para terminar una noche tan iniciática... Saberte curado, sano, entero y pedir volar. Aunque llueva. Aunque haga frío. Porque te conoces tanto que aceptas todo lo que te traiga el presente, y sabes que, la oscuridad tiene su punto terapéutico: volver a la matriz, recomponerte y alzar el vuelo muy alto. Para fundirte con las estrellas, a las que puedes llegar haciendo un salto de fe hacia las aguas más oscuras.

Y hace ocho años comprendí el poder del increíble valor de los saltos de fe: si te asusta, si puede salir peor que mal, si es algo que puede incluso llegar a destruirte... obsérvalo. Siéntelo. Siéntete. Todo en la vida puede encajar en esta descripción, y en la mayoría de los casos son tus miedos los que te hacen pensar todo ese mal.

Y si eres capaz de aceptar tu miedo. Si a pesar de todo el riesgo la posibilidad de volar hace que sientas fuego en tu vientre no dudes y salta. Es la manera de sentirse totalmente vivo.

Gracias por enseñármelo.


Esta es para mí la banda sonora del Cabo Vidio