Comenzar con un mal pie: hacer las cosas como no se debe. Esconderse. Mentir. Ocultar lo que tu corazón siente.
Gran error. Por suerte días como éste (hace ya algunos años) te ayudan a corregir tu errática trayectoria y a aprender que, las cosas directas, a la cara y apechugando salen siempre mejor. Aunque te arriesgues un puñetazo. Aunque temas por esa mierda de careta que nos ponemos y llamamos reputación. La recompensa de librarte de la mentira no tiene precio.
Y sí, al final he de darte la razón, porque como siempre dijiste la gente no cambia. Y lo sé porque seis años después seguiría dando la cara por ti seis, seis mil y seis millones de veces.
Abraham
Blog de literatura, paranoias, viajes, fotografía, paleontología, recuerdos, objetivos, presente, futuro... Lo mejor y lo peor de mi mente descargado en internet.
viernes, 28 de junio de 2019
jueves, 16 de mayo de 2019
Contigo
Hoy mi cabeza y mi corazón no están aquí, conmigo.
Siento que mi cuerpo es un dispositivo controlado a distancia, que va y viene día a día mecido en una rutina que ni yo mismo sé dónde me lleva. Una vida que antes llevaba día a día pasó a ser semana a semana. Y a día de hoy es algo que observo mes a mes, y a los muy condenados los veo correr como las nubes corren por el cielo durante estos últimos días, mecidas por la brisa fresca y primaveral. Se van, no vuelven.
Comienzo a entender eso que siempre ignoré y que los romanos resumían en un "tempus fugit". Veo mi propia mortalidad y quiero abrazarla y darle la bienvenida como la timonel de mi vida, como algo que me motive a ser mejor, a ser feliz y a seguir viajando, explorando, aprendiendo y cambiando, porque si hay algo que sé es que todo lo que vaya en contra de esa moción omnipresente en nuestro universo es antinatura. Todo fluye, nada permanece.
Quiero dar las gracias a la certeza que durante el último año he obtenido de que un día mi cerebro se apagará y mi corazón dejará de latir, pero no sé cómo hacerlo.
Quiero agarrar cada uno de los días que tengo y exprimirlos y dar lo mejor de mí mismo, pero no lo consigo, y es porque como te he dicho mi cabeza y mi corazón no están aquí. Para alguien como yo es extremadamente frustrante no comprender algo, aunque lo trate de ver desde todas las perspectivas que mi cabeza me ofrece
Pero no quiero preocuparte, de verdad. Es cierto que tengo objetivos, es cierto que tengo días mejores y peores. Es cierto que tengo sueños, que viajo, que soy feliz. También es cierto que tengo pesadillas, que me encierro en mi cuarto, e intentado vencer a todos los monstruos que habitan en la oscuridad de las largas noches de invierno intento protegerme con la manta de todo aquello que me persigue.
Sigo aprendiendo cada día, disfrutando los pequeños o minúsculos momentos que la vida me regala. Ver a mi orquídea florecer por primera vez. Sonreirle a un bebé sentado en una mesa del restaurante donde trabajo y que me devuelva una risotada. Sentir el aire en la cara mientras pedaleo en un día soleado. Pisar la nieve recién caída (quien no lo haya probado debería hacerlo). Leer libros que me hacen entender a las personas mejor. Conocer a gente brillante, de la que te alegra el día con sólo tres frases. Aprender cosas nuevas y ver que funcionan a la perfección (bendita seas, impresora 3D). Pero le sigue faltando brillo al conjunto. Si una frase musical suelta puede ser bonita imagínatela dentro de una sinfonía, acompañada de percusión y armonía.
Quiero que sepas que para mí no existe mayor certeza que la de saber que querría tener sueños junto a ti. Tener esas pesadillas junto a ti. Calmarnos mutuamente. Disfrutar de los pequeños o minúsculos detalles de la vida. Quererte hasta más no poder, como hace ya tanto tiempo. Tanto que incluso parece más de una vida, por todo lo que pasó. Por todo lo que vivimos tanto tú como yo.
También quiero que sepas que ya no pienso en "y si hubiera...". Pienso en "gracias porque...". Y doy gracias a la vida por haber hecho que nos cruzásemos.
Hoy nada me haría más feliz que poder despertarme, abrir mi ventana y volar como una golondrina. Atravesar praderas, bosques, mares y sonreir al reconocer la familiar silueta de esa costa plagada de esmeraldas que tanto me duele estando aquí arriba solo.
Ir a ese lugar, sentarme, pensar, esperar, esperarte, y al final verte aparecer, con esa sonrisa que enamora. Mirarte a los ojos y hablarte con los mismos, para que me digas con un guiño que no te has olvidado de nuestra cita, aunque hayan transcurrido tantos años. Ver que no eres la misma, pero que sí lo eres. Ver cómo aquellos bosquejos que siempre vi en ti se han hecho una obra de arte, pero que siguen ahí. Sí, la misma pero diferente. La misma, pero cambiada. Pero la misma.
Sumergirme en tu alma y ver que nada la ha cambiado, que el tiempo no ha pasado, que eres exactamente como te tengo en mi cabeza. En mi corazón.
Sí, esos dos que hoy no están aquí, sino ahí, esperándote sentados junto al mar. Contigo.
Abraham.
Siento que mi cuerpo es un dispositivo controlado a distancia, que va y viene día a día mecido en una rutina que ni yo mismo sé dónde me lleva. Una vida que antes llevaba día a día pasó a ser semana a semana. Y a día de hoy es algo que observo mes a mes, y a los muy condenados los veo correr como las nubes corren por el cielo durante estos últimos días, mecidas por la brisa fresca y primaveral. Se van, no vuelven.
Comienzo a entender eso que siempre ignoré y que los romanos resumían en un "tempus fugit". Veo mi propia mortalidad y quiero abrazarla y darle la bienvenida como la timonel de mi vida, como algo que me motive a ser mejor, a ser feliz y a seguir viajando, explorando, aprendiendo y cambiando, porque si hay algo que sé es que todo lo que vaya en contra de esa moción omnipresente en nuestro universo es antinatura. Todo fluye, nada permanece.
Quiero dar las gracias a la certeza que durante el último año he obtenido de que un día mi cerebro se apagará y mi corazón dejará de latir, pero no sé cómo hacerlo.
Quiero agarrar cada uno de los días que tengo y exprimirlos y dar lo mejor de mí mismo, pero no lo consigo, y es porque como te he dicho mi cabeza y mi corazón no están aquí. Para alguien como yo es extremadamente frustrante no comprender algo, aunque lo trate de ver desde todas las perspectivas que mi cabeza me ofrece
Pero no quiero preocuparte, de verdad. Es cierto que tengo objetivos, es cierto que tengo días mejores y peores. Es cierto que tengo sueños, que viajo, que soy feliz. También es cierto que tengo pesadillas, que me encierro en mi cuarto, e intentado vencer a todos los monstruos que habitan en la oscuridad de las largas noches de invierno intento protegerme con la manta de todo aquello que me persigue.
Sigo aprendiendo cada día, disfrutando los pequeños o minúsculos momentos que la vida me regala. Ver a mi orquídea florecer por primera vez. Sonreirle a un bebé sentado en una mesa del restaurante donde trabajo y que me devuelva una risotada. Sentir el aire en la cara mientras pedaleo en un día soleado. Pisar la nieve recién caída (quien no lo haya probado debería hacerlo). Leer libros que me hacen entender a las personas mejor. Conocer a gente brillante, de la que te alegra el día con sólo tres frases. Aprender cosas nuevas y ver que funcionan a la perfección (bendita seas, impresora 3D). Pero le sigue faltando brillo al conjunto. Si una frase musical suelta puede ser bonita imagínatela dentro de una sinfonía, acompañada de percusión y armonía.
Quiero que sepas que para mí no existe mayor certeza que la de saber que querría tener sueños junto a ti. Tener esas pesadillas junto a ti. Calmarnos mutuamente. Disfrutar de los pequeños o minúsculos detalles de la vida. Quererte hasta más no poder, como hace ya tanto tiempo. Tanto que incluso parece más de una vida, por todo lo que pasó. Por todo lo que vivimos tanto tú como yo.
También quiero que sepas que ya no pienso en "y si hubiera...". Pienso en "gracias porque...". Y doy gracias a la vida por haber hecho que nos cruzásemos.
Hoy nada me haría más feliz que poder despertarme, abrir mi ventana y volar como una golondrina. Atravesar praderas, bosques, mares y sonreir al reconocer la familiar silueta de esa costa plagada de esmeraldas que tanto me duele estando aquí arriba solo.
Ir a ese lugar, sentarme, pensar, esperar, esperarte, y al final verte aparecer, con esa sonrisa que enamora. Mirarte a los ojos y hablarte con los mismos, para que me digas con un guiño que no te has olvidado de nuestra cita, aunque hayan transcurrido tantos años. Ver que no eres la misma, pero que sí lo eres. Ver cómo aquellos bosquejos que siempre vi en ti se han hecho una obra de arte, pero que siguen ahí. Sí, la misma pero diferente. La misma, pero cambiada. Pero la misma.
Sumergirme en tu alma y ver que nada la ha cambiado, que el tiempo no ha pasado, que eres exactamente como te tengo en mi cabeza. En mi corazón.
Sí, esos dos que hoy no están aquí, sino ahí, esperándote sentados junto al mar. Contigo.
Abraham.
Quien de verdad me conoce sabe lo que esta música significa para mí. Desde los catorce años escuché esta pista en esas noches en que era difícil o imposible dormir, y en cada una de sus notas he depositado un recuerdo de todo lo que me hizo feliz alguna vez. Es como una pequeña caja de recuerdos, y cada vez que la escucho puede hacerme revivirlos, hasta el punto de verlos delante de mi tan frescos como el primer día.
martes, 16 de abril de 2019
Si la nieve...
Hace unos meses, mientras esperaba al autobús ví que comenzaba a nevar. No una de esas nevadas de finales de otoño que sabes que no va a cuajar, no. Una de esas nevadas valientes, decididas. Llena de miles de copos perfectamente formados que, vista de noche parece ser un descenso triunfal de las estrellas para besar la tierra.
Me pregunté ¿cómo hace para cuajar la dichosa nieve? Cada una de las pequeñas y perfectas estrellitas se convertía en una minúscula gota de agua casi al momento de tocar el suelo. Pero oye. No sin antes haber cumplido su misión: rebajar una millonésima (o lo que sea) parte de un grado centígrado la temperatura del suelo. Así, estrellita a estrellita, copo a copo se va helando el paisaje. Se va el otoño y llega el invierno (con toda su jodida hermosura, que es muchísima).
Soy de los pocos aquí al norte que aman cada vez que nieva. Porque, además de ser relajante, de portar un silencio especial la nieve me recuerda que, poco a poco, paso a paso, ininterrumpidamente hasta lo imposible se vuelve real. Las valientes gotitas son tan solo la base de una capa de nieve que permanecerá meses, agradecida a esas pioneras.
Y como todo en la increíble naturaleza puede servir de inspiración, me gustaría que al leer esto pienses que igual hoy eres tan sólo una pequeña estrellita que se funde. Y mañana de nuevo. Y pasado. Si prosigues, si crees en el cambio y cada día aportas un poco a tu misión todo, todo llegará. Sólo hace falta sinceridad y valor.
Tu esfuerzo constante te ayudará a conformar una hermosa nevada, de las que cambian el paisaje y la perspectiva, dando a todo una paz y pureza especiales, y preparando el terreno para la próxima primavera, que créeme, llegará.
Me pregunté ¿cómo hace para cuajar la dichosa nieve? Cada una de las pequeñas y perfectas estrellitas se convertía en una minúscula gota de agua casi al momento de tocar el suelo. Pero oye. No sin antes haber cumplido su misión: rebajar una millonésima (o lo que sea) parte de un grado centígrado la temperatura del suelo. Así, estrellita a estrellita, copo a copo se va helando el paisaje. Se va el otoño y llega el invierno (con toda su jodida hermosura, que es muchísima).
Soy de los pocos aquí al norte que aman cada vez que nieva. Porque, además de ser relajante, de portar un silencio especial la nieve me recuerda que, poco a poco, paso a paso, ininterrumpidamente hasta lo imposible se vuelve real. Las valientes gotitas son tan solo la base de una capa de nieve que permanecerá meses, agradecida a esas pioneras.
Y como todo en la increíble naturaleza puede servir de inspiración, me gustaría que al leer esto pienses que igual hoy eres tan sólo una pequeña estrellita que se funde. Y mañana de nuevo. Y pasado. Si prosigues, si crees en el cambio y cada día aportas un poco a tu misión todo, todo llegará. Sólo hace falta sinceridad y valor.
Tu esfuerzo constante te ayudará a conformar una hermosa nevada, de las que cambian el paisaje y la perspectiva, dando a todo una paz y pureza especiales, y preparando el terreno para la próxima primavera, que créeme, llegará.
Si la nieve resbala por el sendero... (no me quito esta canción de la cabeza)Abraham.
martes, 12 de febrero de 2019
Now we are free
Hace dos meses necesitaba
un catalizador. Pues mi catalizador llegó el día dieciocho de diciembre, cuando
una llamada, precedida de cinco llamadas perdidas cambió mi presente, mi forma
de ver la vida por completo.
Se fue, ya descansa
tranquilo, en paz, sin tener que preocuparse por el trabajo, por el dinero, por
la salud, por mí, por mis hermanos, por mi madre. Por todo. Se fueron sus
preocupaciones y todo aquello que le llevaba años reconcomiendo.
Supo vivir su vida de una
forma sensible a veces, no tanto otras, descentrado a veces, pero siempre,
siempre preocupado por los demás y dejándose a sí mismo de lado. Nunca quiso
dar la nota, ni sobresalir, pero tampoco quiso lanzarse a perseguir un sueño,
el suyo. Jamás conocí a nadie tan entregado en el trabajo, y viendo a mis hermanos y a mí mismo (aunque no me guste alardear tampoco) creo que nos pegaste un poco de tu buen hacer.
No nos pudimos despedir,
no nos pudimos perdonar, no nos pudimos abrazar de nuevo, ni fumarnos un
pitillo recién liado en el balcón. Ni tomarnos una sidra, ni comer una buena
fabada. Nuestro último viaje en coche fue seguramente el más duro de mi vida,
tras más de veintiséis horas viajando, y sin embargo fue el trayecto desde Cabueñes
hasta Candás el que se me hizo más largo. En tan sólo veinticinco minutos
(arriba o abajo) se me pasaron por la cabeza tantas madrugadas, mañanas, tardes
y noches junto a él, siempre de copiloto, últimamente de piloto. Momentos
históricos vividos juntos, como la caída del Muro de Berlín, los ataques terroristas
de Madrid en 2004, el golazo de Zidane en la Champions (la única y última vez
que un servidor disfrutó viendo al Madrid ganar).
Se me pasan cada día
todos los buenos momentos vividos junto a ti, Papi. Todas las buenas películas
que vimos. Todas las horas trabajando juntos, tanto en Arcelor como en casa.
Las no pocas conversaciones trascendentales que tuvimos en las que, la mayoría
de las veces acabábamos enfadados por nuestras opiniones contrastadas, pero que
siempre, siempre enriquecían el uno al otro. Y me jode pensar que tiramos un
año entero sin poder tener más por culpa de la cabezonería de ambos.
Me queda por encima de
todo tu manera de ver la vida, de disfrutar de la buena cocina, de toda la
música que me mostraste allá por los tiempos del Napster y del módem . Y sobre
todo el amor por la palabra escrita.
Tus libros son el único
recuerdo que me llevé, y sin duda alguna no puede haber algo que me una más a ti.
De buen seguro estarás teniendo finalmente coloquios con Tolkien (ojalá allá
arriba el inglés se aprenda por ciencia infusa, porque mira que eras negado). También
estoy seguro de que podrás acompañar a la guitarra a Víctor Jara, cantar junto
a Joe Cocker, debatir sobre política con el Che Guevara y espero que pasar tu
tiempo con Güelito, Lolo y Tor.
Me queda ahora otra tarea, esa que tú has provocado al irte directo, rápido, fulgurante como una estrella
fugaz. Catalizándome. Y esta tarea ha comenzado, dado que las palabras se amontonan dentro de
mí, mezcladas con todas las lágrimas que aún no he podido llorar, pues quieren poder emocionarme en el momento exacto para contarte historias, hacerte partícipe de ellas, que las
sientas, que te hagan hinchar el pecho de orgullo y compartirlas con otros
diciendo «mi hijo escribió esto». Siempre quisiste verme escribir, siempre me
dijiste que te gustaba lo que hacía y pienso ir a por todas. Por ti.
Te quiero.
«Ahora somos libres.
Volveremos a vernos, pero aún no. Aún no»
Suscribirse a:
Entradas (Atom)