martes, 30 de marzo de 2021

Palabras

Palabras

Centellean en mi mente, hacen que mis dientes rechinen al querer expresarlas. Pero me las trago.

Se agolpan en mi pecho, me quitan el aire, me aprietan el corazón. Pero me las trago.

Palabras dulces, palabras amargas. Palabras, sólo palabras.

Pero qué odioso poder tienen. Capaces de romper imperios, desatar tormentas o causar muertes, pero también de calmar, crear vínculos y curar. Sí, pueden curar.

Curan al escucharse, pero eso no depende de uno. Curan al decirlas, y en eso sí que tenemos cierto poder.

Tan sólo quiero que salgan de mis labios, lleguen a tus oídos y que muevan, que toquen la más profunda de tus fibras. Que una concatenación de sonidos susurrados en tu oreja, de esos que hacen que se te erice el vello, aceleren el corazón y pongan nuestros sentidos en la más dulce de las alertas.

Que se transmitan por mis dedos, dando frenéticos saltos sobre este teclado, y se conviertan en señales eléctricas, que a su vez se volverán ceros y unos, que serán de nuevo convertidos en señales eléctricas, que se volverán ceros y unos, y finalmente señales eléctricas que harán que se iluminen ciertos píxeles en la pantalla de un móvil o un ordenador. Y espero iluminen alguna sonrisa.

También espero que no nos constriñamos a ningún canon, a ningún patrón prefabricado y que vuelen entre nosotros como hacían sin temor alguno. Y si esperar es demasiado, espero oír palabras mágicas, de esas que crean imperios, calman tormentas y resucitan hasta a los muertos. De esas que calman, unen y curan. No depende de mí, es cierto. Esperar algo no es sabio, y lo sé de sobra. Así que tendré que decirlas yo, y quizá así curarme.

Pero eso, aunque sean sólo palabas tienen demasiado poder las muy condenadas. Que fluyan.

domingo, 14 de marzo de 2021

El canto del cisne

Somos una especie ruidosa, habladora (a veces más de la cuenta), que ha olvidado la importancia del silencio y del disfrute de la música que la naturaleza nos brinda. Y cuando conseguimos conectar con dicho silencio entonces la escuchamos: nuestra música interna.

Es una pequeña melodía que nos acompaña a lo largo de la mayoría de momentos trascendentales de nuestra vida, y que quiero pensar ruge con fuerza en nuestro interior momentos antes de un cambio realmente importante.

Cuenta la leyenda que el cisne, ave caracterizada por emitir pocos sonidos a lo largo de su vida, canta la más hermosa de las canciones momentos antes de morir.

Si cierro los ojos veo un campo de ceniza en el que suena una suave melodía al compás del viento y del cercano mar. Una melodía silenciosa, que habita dentro de una persona externamente dicharachera y abierta. 

Una melodía que se va apagando, quizás como preludio a una serie de cambios que creo se avecinan a mi vida. La pequeña melodía que, al llegar dicho momento, y como en la muerte del cisne rugirá con fuerza de nuevo.

Tan sólo quiero fuerzas para no dejar de escuchar esa música...

Abraham.

James Ward - "Dying Swan" ca. 1817