viernes, 18 de diciembre de 2020

Invertebrado

Eres ese pilar que se echa en falta cuando la casa amenaza con derrumbarse (y digo eres porque, a pesar de que tu marcha nos hiciese tener que hacernos más fuertes y sostenerlo, sigue faltando ese apoyo). Eres una presencia que falta, y mucho. El asiento que faltará en todas las cenas y celebraciones por venir.

Hoy me siento invertebrado. A pesar de contar toda mi fuerza, mi garra y mi arrojo. A pesar de todo el valor, la templanza y la querida resiliencia que habitan en mí y han jurado no volver a irse. Pero me faltas tú. A pesar de que te fuiste sin habernos podido sentar a hablar de nuevo. Me faltas, y mucho.

En días nublados, plagados de duda, de falta de ganas o de desánimo es cuando todas las palabras que me regalaste a través de tu boca y todos los mensajes grabados en los libros que me recomendaste cobran sentido. Es cuando tu ejemplo se activa, tocando resortes que parecían oxidados en mi mente y que me ayudan a seguir adelante contra toda adversidad. Ad astra per aspera!

En días sombríos, de falta de unión o compromiso, de comodidad, de olvido absoluto de lo que la palabra familia tendría que significar. En días de falta de justicia, cuando veo que los fuertes (o los que se lo creen, mejor dicho) abusan de los más desvalidos es cuando tu impulso, tus garras, tu arrojo comparable al del ataque de un león despierta dentro de mí y me hace defender a los que quiero y realmente me importan. Hace que sepa decir con más sinceridad un "te quiero", un "me importas", a no dejar para mañana lo que puedo y debo hacer hoy (no vaya a ser que otro capricho de la vida me arrebate lo que me hace feliz y amo). Hacen que sepa valorar el amor como la fuerza universal que mantiene en cohesión nuestros microcosmos y luche por preservarlo, cuidar de él y acrecentarlo.

En días de oscuridad, de miedo, pérdida, angustia, añoranza, pocas esperanzas me guías de muchas formas. Eres la paciencia, para saber que, pese a todo lo malo la clave es seguir caminando, para no esperar, para aceptar lo que la vida traiga. Se trata de ser un barco en constante movimiento, que las olas te tuerzan sí, pero que nunca pierdas el puerto de la vista. A veces se tarda en llegar a la seguridad de sus amarres, y no todo sucede cuando queremos o cuando parece que va a ser, sino que sucederá cuando tenga que ser. Esa paciencia es clave hoy para mí. Pero sobre todo eres LUZ. Sí, luz. Eres un faro desde hace dos años ya... Te irías dejando todo a oscuras, pero desde el primer momento sentí tu luz muy cerca. Porque ¿sabes una cosa? Cada vez que levanto la mirada en la noche, con ayuda de Merak y Dubhe siempre encuentro ese lugar donde sé que te sientas a observarnos. En el único punto fijo del cielo, guiando nuestro camino a través de la oscuridad. Guiando nuestro rumbo. Y sé que siempre estarás ahí, porque ese punto, esa estrella conecta con mi corazón, donde siento tu luz en todo momento.

Aun así me faltas, porque aunque en vida me dijiste muchas, tus palabras fueron finitas. Sé que no las oiré de nuevo hasta dentro de muchos años, y hoy sólo puedo aferrarme a su recuerdo cuidándolas mucho, reflexionando sobre ellas, como si estuvieran escritas en un libro de oro. Todas y cada una de ellas cobran sentido hoy y me ayudan a seguir adelante, revalorizándose un poco más cada día. Me siento invertebrado, pero con la espalda más firme y fuerte que nunca antes en mi vida. 

Gracias por todo. Te quise, te quiero y te querré hasta el fin de mis días.