lunes, 11 de julio de 2016

Hacerse el tonto

Hacerse el tonto. O hacerse el sueco, como decimos en España. Una expresión que me gusta, como me gusta hacerme el tonto para ver qué tipo de gente me rodea.
Puedes comenzar a distinguir a aquellos que cree poder montarte a pelo, a los que te tratan con condescendencia (hay demasiados maestros de la vida a los que les faltan unas cuantas asignaturas y el proyecto). También ves a los que, de verdad se preocupan por ti.
Y a los ingenuos que, al verte flaquear creen ser más listos que tú. He ahí su error garrafal. Sus cortas entendederas no les dan para sospechar que, quizás estás soltando tu cebo y tu anzuelo. Y es demasiado tarde cuando ven que, efectivamente era todo una trampa. Y les has cazado.
Me encanta ver sus caras de vergüenza cuando no les queda ningún clavo ardiente al que agarrar sus manos hediondas, sucias de mentira y de autocompasión, haciendo que su máscara de falsas víctimas caiga arrastrándose como caspa de sus cabezas. Sí, es cierto que les das una lección, y que posiblemente hayas conseguido hacer de ellos mejores personas (lección número 1: nunca subestimes a tu adversario ni le dejes de respetar en ningún momento). Y también es cierto que tú te quitas un peso de encima. Pero en fin. Sus agusanadas vidas son suyas. Y a ti te queda el consuelo de que has logrado quitarte de encima el paraguas de sus mentiras que te impedía sentir el placer de la lluvia.

Eres libre.

sábado, 9 de julio de 2016

Comienzo

De verdad. Es demasiado tiempo procrastinando. Diciéndome que, tarde o temprano tendría tiempo para dedicarme a cultivar una de mis pasiones: la escritura.
Llevo cinco meses y seis días en Uppsala, y no tengo intenciones de irme de aquí en bastante tiempo. ¿Qué tendrá Escandinavia que me hace sacar lo mejor de mí mismo? Ni idea. Será el frío, dicen, dado que mis ideas se enfrían y maduran poco a poco, como las plantas aquí. Todo un invierno acojonadas, sufriendo y, nada más llegar la primavera (e incluso antes), con los primeros días largos... ¡explosión!

Rezo porque así sea con mi inspiración. Esa que he dejado de escuchar durante casi cuatro años. Esa, muda por otras voces en mi cabeza que creía mi propia conciencia, cuando no eran sino pequeños monstruitos dispuestos a hacerme continuar espirales de autodestrucción, odio y contemplación. Ya basta. Ya es demasiado.
Y volviendo a las plantas, y sirviéndome mis amigas del reino vegetal como inspiración, durante esta primavera y lo que llevamos de verano las he tenido como maestras. He visto que, de la más tierna semilla sale una hermosa planta de albahaca con la que me he hecho el mejor pesto de mi vida. O que un par de brotes de menta, casi muertos se han convertido en una especie invasora de mi tiesto grande, así como en un aderezo perfecto para mi cous-cous. Y sobre todo, que las rosas son muy caprichosas, pero muy agradecidas. No se las puede dejar crecer a sus anchas, pero tampoco descuidarlas. Son muy delicadas. Como todo en esta vida.

Abonemos, reguemos y cuidemos pues, esa pequeña planta que llevo sobre los hombros. Y espero que las dos personas que más me han apoyado para que no deje de lado la escritura tengan razón. Papi, Lucía. Esto es por vosotros.

Abraham