lunes, 3 de julio de 2023

Diez años de "Siete años en el Norte"

Diez, de nuevo. Otra vez ese número, eco de días pasados. Haciéndole revivir aquellos eventos como si hubiesen tenido lugar esa misma semana, pero separada por "tan solo" 3652 días.

Días de vuelos, de ver Europa desde las nubes. De cerrar la etapa del Rojo y centrarse en la suya propia, esa de tantos colores que un día el negro no le permitió ver. Viajaba hacia la Tierra del Hielo Eterno, y no sabía las implicaciones que esto tendría en su alma. Allí murió una parte de sí mismo, pero nacieron otras, más fuertes e interesantes. Allí se paró el tiempo, renegó del negro, se intentó volver blanco pero acabó aceptando la más cruel y a su vez tranquilizante de las verdades:

Se puede cambiar, dejando morir deliberadamente partes de nuestras almas que renacerán como las ramas en primavera, distintas, pero igualmente fuertes si se las cultiva con cariño. Se puede renacer. Pero aquellas partes que afloran siempre es mejor respetarlas y dejarlas ser.

Por ello, orgulloso de sus alas moradas, su pecho blanquecino y su dorso negro emprendió el camino a casa, para tratar de mantener siempre vivos esos colores, y no cerrarse en banda al azul que siempre cubrió su cuerpo. El azul le hace volar, junto a la energía del rojo. El negro le protege la retaguardia. El blanco se muestra para abrir su pecho y mostrar vulnerabilidad. 

Sólo había un detalle del que se percató varios años después: una pequeña escama verde le cubría por completo el lugar del torso donde se alojaba su corazón, porque al fin y al cabo es donde debe viajar la esperanza.