Hoy es 5 de julio. Precisamente hoy, he terminado una vuelta al Sol muy especial, cuyo punto de origen no se encuentra relacionado de ningún modo con eventos astronómicos particulares, como el perihelio o el afelio.
Una vuelta al Sol, sí: esa cosa tan natural que nuestro planeta lleva miles de millones de años haciendo, y que nosotros dividimos en 365,256 rotaciones sobre el eje terrestre. Lo que viene siendo un año; y que analizándolo veo que ha estado marcado por muchos más hechos notables de los que me esperaba:
- He visto cometas, lluvias de estrellas, la Vía Láctea, un eclipse parcial de Sol y otro de Luna.
- He visto lobos, osos, corzos, jabalíes, venados, martas, ginetas, murciélagos, calderones, delfines, congrios, tiburones y cientos de aves y peces cuyas especies aún no soy capaz de distinguir.
- He buceado, de día, de noche, en cuevas, a bastante profundidad, entre calamares, entre pulpos, en praderas de algas, sobre rocas, bajo rocas, con frío o con calor.
- He comenzado y terminado un máster, y me ha ido bastante bien.
- He conseguido un trabajo de ensueño, aquello por lo que he luchado siempre.
- He perdido a una de las personas que más quería, mi abuela.
- He amado con locura, pero por primera vez con total cordura.
- He viajado y mostrado mis lugares más especiales.
- He hecho tantas cosas, que condensando estos 365 días me parecen mucho más que un simple año.
Y a pesar de todo ello, lo que más me ha marcado de este año es saber una cosa:
Desde hace 365,256 días el universo me parece algo increíble y completamente diferente, tan sólo por saber que existes.