Siento que mi cuerpo es un dispositivo controlado a distancia, que va y viene día a día mecido en una rutina que ni yo mismo sé dónde me lleva. Una vida que antes llevaba día a día pasó a ser semana a semana. Y a día de hoy es algo que observo mes a mes, y a los muy condenados los veo correr como las nubes corren por el cielo durante estos últimos días, mecidas por la brisa fresca y primaveral. Se van, no vuelven.
Comienzo a entender eso que siempre ignoré y que los romanos resumían en un "tempus fugit". Veo mi propia mortalidad y quiero abrazarla y darle la bienvenida como la timonel de mi vida, como algo que me motive a ser mejor, a ser feliz y a seguir viajando, explorando, aprendiendo y cambiando, porque si hay algo que sé es que todo lo que vaya en contra de esa moción omnipresente en nuestro universo es antinatura. Todo fluye, nada permanece.
Quiero dar las gracias a la certeza que durante el último año he obtenido de que un día mi cerebro se apagará y mi corazón dejará de latir, pero no sé cómo hacerlo.
Quiero agarrar cada uno de los días que tengo y exprimirlos y dar lo mejor de mí mismo, pero no lo consigo, y es porque como te he dicho mi cabeza y mi corazón no están aquí. Para alguien como yo es extremadamente frustrante no comprender algo, aunque lo trate de ver desde todas las perspectivas que mi cabeza me ofrece
Pero no quiero preocuparte, de verdad. Es cierto que tengo objetivos, es cierto que tengo días mejores y peores. Es cierto que tengo sueños, que viajo, que soy feliz. También es cierto que tengo pesadillas, que me encierro en mi cuarto, e intentado vencer a todos los monstruos que habitan en la oscuridad de las largas noches de invierno intento protegerme con la manta de todo aquello que me persigue.
Sigo aprendiendo cada día, disfrutando los pequeños o minúsculos momentos que la vida me regala. Ver a mi orquídea florecer por primera vez. Sonreirle a un bebé sentado en una mesa del restaurante donde trabajo y que me devuelva una risotada. Sentir el aire en la cara mientras pedaleo en un día soleado. Pisar la nieve recién caída (quien no lo haya probado debería hacerlo). Leer libros que me hacen entender a las personas mejor. Conocer a gente brillante, de la que te alegra el día con sólo tres frases. Aprender cosas nuevas y ver que funcionan a la perfección (bendita seas, impresora 3D). Pero le sigue faltando brillo al conjunto. Si una frase musical suelta puede ser bonita imagínatela dentro de una sinfonía, acompañada de percusión y armonía.
Quiero que sepas que para mí no existe mayor certeza que la de saber que querría tener sueños junto a ti. Tener esas pesadillas junto a ti. Calmarnos mutuamente. Disfrutar de los pequeños o minúsculos detalles de la vida. Quererte hasta más no poder, como hace ya tanto tiempo. Tanto que incluso parece más de una vida, por todo lo que pasó. Por todo lo que vivimos tanto tú como yo.
También quiero que sepas que ya no pienso en "y si hubiera...". Pienso en "gracias porque...". Y doy gracias a la vida por haber hecho que nos cruzásemos.
Hoy nada me haría más feliz que poder despertarme, abrir mi ventana y volar como una golondrina. Atravesar praderas, bosques, mares y sonreir al reconocer la familiar silueta de esa costa plagada de esmeraldas que tanto me duele estando aquí arriba solo.
Ir a ese lugar, sentarme, pensar, esperar, esperarte, y al final verte aparecer, con esa sonrisa que enamora. Mirarte a los ojos y hablarte con los mismos, para que me digas con un guiño que no te has olvidado de nuestra cita, aunque hayan transcurrido tantos años. Ver que no eres la misma, pero que sí lo eres. Ver cómo aquellos bosquejos que siempre vi en ti se han hecho una obra de arte, pero que siguen ahí. Sí, la misma pero diferente. La misma, pero cambiada. Pero la misma.
Sumergirme en tu alma y ver que nada la ha cambiado, que el tiempo no ha pasado, que eres exactamente como te tengo en mi cabeza. En mi corazón.
Sí, esos dos que hoy no están aquí, sino ahí, esperándote sentados junto al mar. Contigo.
Abraham.
Quien de verdad me conoce sabe lo que esta música significa para mí. Desde los catorce años escuché esta pista en esas noches en que era difícil o imposible dormir, y en cada una de sus notas he depositado un recuerdo de todo lo que me hizo feliz alguna vez. Es como una pequeña caja de recuerdos, y cada vez que la escucho puede hacerme revivirlos, hasta el punto de verlos delante de mi tan frescos como el primer día.