Comenzar con un mal pie: hacer las cosas como no se debe. Esconderse. Mentir. Ocultar lo que tu corazón siente.
Gran error. Por suerte días como éste (hace ya algunos años) te ayudan a corregir tu errática trayectoria y a aprender que, las cosas directas, a la cara y apechugando salen siempre mejor. Aunque te arriesgues un puñetazo. Aunque temas por esa mierda de careta que nos ponemos y llamamos reputación. La recompensa de librarte de la mentira no tiene precio.
Y sí, al final he de darte la razón, porque como siempre dijiste la gente no cambia. Y lo sé porque seis años después seguiría dando la cara por ti seis, seis mil y seis millones de veces.
Abraham