martes, 16 de abril de 2019

Si la nieve...

Hace unos meses, mientras esperaba al autobús ví que comenzaba a nevar. No una de esas nevadas de finales de otoño que sabes que no va a cuajar, no. Una de esas nevadas valientes, decididas. Llena de miles de copos perfectamente formados que, vista de noche parece ser un descenso triunfal de las estrellas para besar la tierra.

Me pregunté ¿cómo hace para cuajar la dichosa nieve? Cada una de las pequeñas y perfectas estrellitas se convertía en una minúscula gota de agua casi al momento de tocar el suelo. Pero oye. No sin antes haber cumplido su misión: rebajar una millonésima (o lo que sea) parte de un grado centígrado la temperatura del suelo. Así, estrellita a estrellita, copo a copo se va helando el paisaje. Se va el otoño y llega el invierno (con toda su jodida hermosura, que es muchísima).
Soy de los pocos aquí al norte que aman cada vez que nieva. Porque, además de ser relajante, de portar un silencio especial la nieve me recuerda que, poco a poco, paso a paso, ininterrumpidamente hasta lo imposible se vuelve real. Las valientes gotitas son tan solo la base de una capa de nieve que permanecerá meses, agradecida a esas pioneras.

Y como todo en la increíble naturaleza puede servir de inspiración, me gustaría que al leer esto pienses que igual hoy eres tan sólo una pequeña estrellita que se funde. Y mañana de nuevo. Y pasado. Si prosigues, si crees en el cambio y cada día aportas un poco a tu misión todo, todo llegará. Sólo hace falta sinceridad y valor.
Tu esfuerzo constante te ayudará a conformar una hermosa nevada, de las que cambian el paisaje y la perspectiva, dando a todo una paz y pureza especiales, y preparando el terreno para la próxima primavera, que créeme, llegará.

Si la nieve resbala por el sendero... (no me quito esta canción de la cabeza)
Abraham.