domingo, 19 de marzo de 2017

Resiliencia

Bonita palabra, tanto en la teoría como en la práctica. La RAE la define como la "Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos."
¿Qué ocurre cuando la adversidad se te presenta cuando crees haberla conquistado? ¿De dónde obtenemos la energía capaz de activar esa fuerza sanadora que, supuestamente nos hace adaptables y flexibles? Es un misterio que no entiendo. Pasa un mes relativamente bueno, y al mes siguiente, todo lo que creíste avanzar… vuelve atrás. Ves que, el futuro que ansías, que parecía fuerte como un muro de hielo se revela como pequeñas nubes de vapor jugando sobre la superficie de los lagos helados que comienzan a recibir a la primavera debilitando su corteza invernal. Sublimación instantánea de futuros robustos. Y cito el agua porque ella es quien todo lo maneja.
Empiezo a sospechar que lo mío no es resiliencia, no es adaptación. Soy sencillamente la roca que se deja erosionar. Una de mis partes favoritas de la geología es el modelado kárstico; esto es, la acción del agua sobre las rocas calcáreas. Es un fenómeno capaz de crear las estructuras más artísticas que la propia naturaleza es capaz, tales como las estalactitas, estalagmitas, bosques pétreos...
Soy duro como un macizo de caliza, sí. Pero el agua sigue su camino, horadando en lo más profundo de mí. Aprovecha cada falla, cada pequeña fractura, cada recoveco para destruirme. Creando cuevas imposibles de volver a rellenar, haciéndome grande por fuera, pero minado y frágil por dentro.

No es resiliencia, no. Es estatismo, imposibilidad de moverme. Porque la montaña, por mucho que digan no va a ninguna parte. Se muere poco a poco. Con elegancia, eso sí.