Somos una especie ruidosa, habladora (a veces más de la cuenta), que ha olvidado la importancia del silencio y del disfrute de la música que la naturaleza nos brinda. Y cuando conseguimos conectar con dicho silencio entonces la escuchamos: nuestra música interna.
Es una pequeña melodía que nos acompaña a lo largo de la mayoría de momentos trascendentales de nuestra vida, y que quiero pensar ruge con fuerza en nuestro interior momentos antes de un cambio realmente importante.
Cuenta la leyenda que el cisne, ave caracterizada por emitir pocos sonidos a lo largo de su vida, canta la más hermosa de las canciones momentos antes de morir.
Si cierro los ojos veo un campo de ceniza en el que suena una suave melodía al compás del viento y del cercano mar. Una melodía silenciosa, que habita dentro de una persona externamente dicharachera y abierta.
Una melodía que se va apagando, quizás como preludio a una serie de cambios que creo se avecinan a mi vida. La pequeña melodía que, al llegar dicho momento, y como en la muerte del cisne rugirá con fuerza de nuevo.
Tan sólo quiero fuerzas para no dejar de escuchar esa música...
Abraham.
