jueves, 3 de septiembre de 2020

Vientos de cambio

 Suavemente, despacio, volando imperceptiblemente. Como una ligera brisa que, en una mañana de verano va ganando fuerza y se convierte en un viento huracanado.

Dulcemente, acariciando mi ser, mi piel. Besando cada palabra que sale de mi boca.

Así has llegado, así me has ido desnudando el alma, mostrándote como algo que aún no puedo creer que exista.

Quitándome restos de coraza que, aunque enquistados van saliendo poco a poco. Fragmentos que a veces pueden herir al sanador/cuidador que trata de hacer su trabajo lo mejor posible (y al que su paciente trata de morder al confundir una caricia con un posible daño). Y aún así, queriéndome cada día un poco más pese a conocer cada oscuro rincón de mi ser. Hermosa paradoja en estos días de las relaciones de usar y tirar, del querer poner poco esfuerzo, del quedarse anquilosado y sobre todo, de la eterna búsqueda del placer instantáneo.

Hablando de buscar, un buscador busca patrones, estructuras preconcebidas para ayudarse en su día a día, y creo que mi fallo ha residido siempre ahí, porque al buscar patrones sólo encontré las mismas estructuras, los mismos problemas, la pescadilla mordiéndose la cola. Repitiendo día sí y día también los mismos viejos errores, los mismos fallos, los mismos comportamientos.

Lo más bonito es que no te esperaba, no te buscaba, y, aunque estaba seguro de que existías no estaba seguro de haberte descubierto. Pero has llegado, nos hemos encontrado y existes. Y me has dejado descolocado, aún coleando como pez recién sacado del agua. O más bien como un anfibio primordial que tiene un planeta entero por descubrir con sus recién ganadas patas. Patas que evolucionan en alas. Alas que algún día le llevarán a besar los cielos, acariciar las nubes y dejarse mecer por las brisas de verano. Vientos de cambio...